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Septiembre 01, 2020 09:33 hrs.

Héctor Herrera Argüelles › AquiEdomex

Política Nacional › México Ciudad de México


’Los vientos del espíritu están soplando.
Eres tú quien necesita levantar las velas’:
Rabindranath Tagore



El día primero de julio de este año, el Presidente López Obrador festejó el segundo año de su victoria electoral. En el recinto del Congreso ubicado en Palacio Nacional, los operadores logísticos del evento dispusieron un espacio con pocos asistentes y un templete con una silla que ocupó brevemente el primer mandatario, y que dejó vacía cuando se levantó a pronunciar su discurso.

Tal fue el impacto de la silla vacía que, muchos comenzaron a preguntarse el porqué de la silla vacía en medio de lo que se suponía una gran celebración para el gobierno de la cuarta transformación.

La silla presidencial junto con la banda tricolor pectoral son símbolos del poder del Ejecutivo mexicano. La silla ha sido motivo de disputas, confrontaciones y anécdotas propias del realismo mágico latinoamericano. Una de ellas emerge de aquella histórica foto de Víctor Casasola tomada en Palacio Nacional el 6 de diciembre de 1914. En ella se observa a los generales revolucionarios Villa y Zapata en el despacho presidencial. Cuenta la historia que después de un breve intercambio de posturas de quien debía sentarse en la silla, Villa decidió tomar asiento ante la negativa del Caudillo del Sur.

Zapata creía que la silla estaba embrujada. La creencia de Zapata es que la silla convertía en mala persona a quien se sentará en ella. ’Esa silla es mágica -dijo Zapata- porque cuando alguien bueno se sienta en ella, al levantarse se vuelve malo’. Apenas el 21 de mayo de este año, López Obrador reconoció la expresión mágico-simbólica de la silla y dijo: ’Yo no sé si estaba embrujada o no, pero, de todas maneras, antes de que yo llegara, la mandé a limpiar’. Más allá de las creencias mágicas sobre la silla vacía, hay dos vertientes del concepto: una en el campo de la psicología, y otra en el campo de la política.

La Silla Vacía es una de las técnicas más conocidas de la Terapia Gestalt. Fue creada por el psicólogo Fritz Perls con el propósito de elaborar un método que permitiese reintegrar en la vida de los pacientes fenómenos o cuestiones no resueltas. La técnica en cuestión trata de reproducir un encuentro con una situación o persona con el fin de dialogar con ella y contactar emocionalmente con el suceso, pudiendo aceptar la situación y darle una conclusión.

La silla vacía como terapia emocional –afectiva se aplica en personas que han sufrido una pérdida de carácter emocional y que padecen situaciones de bloqueo psicológico o extrema labilidad afectiva, reacciones agresivas repentinas o sensaciones de culpabilidad que arrastran durante largos años a menos que se busquen tratamiento.

La Silla Vacía es una de las técnicas que se suelen utilizar para ayudar a superar este tipo de experiencias basadas en vivencias pasadas. Su uso es muy frecuente como forma de hacer frente a pérdidas traumáticas, o en el proceso de elaboración del duelo.

Pero también en el campo de la política existe el concepto de silla vacía que, se manifiesta como un mecanismo de participación ciudadana que incluso ya fue incorporado en la Constitución de la República del Ecuador en el 2008. En el artículo 101, dentro del Título IV sobre ’Participación y organización del poder’ de la Constitución ecuatoriana, se dispone que:’ las sesiones de los gobiernos autónomos descentralizados serán públicas, y en ellas existirá la silla vacía que ocupará una representante o un representante ciudadano en función de los temas a tratarse, con el propósito de participar en su debate y en la toma de decisiones’.

La propuesta aborda dos enfoques, la inserción de los individuos y de las organizaciones sociales en los debates y toma de decisiones de los órganos de gobiernos, y la construcción de un espacio participativo donde se otorga a los representantes ciudadanos, que no forman parte habitual de los partidos políticos, la facultad de tomar partido en los debates y las deliberaciones que se produzcan en los cuerpos colegiados.

Desde esta perspectiva, la silla vacía en el día del informe adquiere un simbolismo mayor, si ese fuera el propósito. Conciliar con el ’pueblo bueno’ la vertiente emocional y política de acompañamiento, factor imposible de armonizar en medio de la pandemia, y mostrar que la gente que no pudo plantarse en la plaza pública está con él en esa silla vacía.

Más allá de las interpretaciones, en medio de la pandemia, de una severa crisis económica y de inseguridad, el Presidente López Obrador tendrá que echar mano de algo más que una silla, para transitar con el desgaste de su gobierno de cara a la elección federal intermedia del 2021.

A su favor sopla la aprobación que muestran las diferentes encuestas que promedian un 50 %, y en su contra, los costos políticos de la pandemia, sus efectos económicos, la creciente inseguridad, y la sana distancia con su partido que se encuentra sumido en sus propias disputas y confrontaciones.

Al introducir la vertiente simbólica y espiritual en el ejercicio de gobierno, el primer mandatario, se apropia también de las creencias de Madero y de Juárez, ambos profundamente creyentes. Siembra entonces en la virtud y la fortuna, el embalse de su gobierno. Espera que la limpia disipe a los fantasmas de la derrota e invoque de manera irremediable a los de la victoria.

De la libreta
1) Parece coincidencia que, un día después de que la Suprema Corte de Justicia aceptó analizar dos amparos que se promovieron contra el proceso legislativo que llevó a Rosario Piedra Ibarra a ser designada como presidenta de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, la ombudswoman haya denunciado haber recibido amenazas de muerte. Quienes la conocen de cerca aseguran que la defensora de los derechos humanos ’es una mujer alejada de la lucha por los desaparecidos’, y que ’su único vínculo con esa lucha es la desaparición de su hermano’.

2) Funcionarios e investigadores de la UNAM están desconcertados por la presunta invalidez del Doctorado de John Ackermann, y piden a la máxima casa de estudios aclarar el tema, sobre todo, porque más allá de sus nexos políticos y familiares, el investigador es también funcionario de la Universidad Nacional.

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