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Junio 10, 2020 14:31 hrs.

Raúl García Araujo › AquiEdomex

Ciudad Nacional › México Ciudad de México


En los últimos días, la Ciudad de México ha sido rehén de grupos anarquistas que, bajo la bandera de apoyar causas como el alto a la violencia policiaca, destruyen, vandalizan, roban tiendas y grafitean lugares emblemáticos con total impunidad.

Se entiende que la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, no quiera aparecer ante la población como autoritaria, por eso, este martes insistió en que muchos se quedaron con las ganas de ver a la policía reprimiendo a los manifestantes, pero lo que no se perdona es que estos grupos hagan sus desmanes ante la vista de muchos, saqueando locales, sin el mínimo respeto para quienes viven en la capital del país.

Por eso la tropa está con el ánimo caído y enojada. Los policías, que a diario salen a las calles a defender hasta con su vida a los ciudadanos, se sienten solos y olvidados por sus jefes, que, en lugar de apoyarlos, dejan que los metan a la cárcel por culpa de esos grupos que sólo se dedican a destruir la imagen de la ciudad.

La llegada de Omar García Harfuch a la Secretaría de Seguridad Ciudadana vino como una bocanada de aire puro en la corporación. Los mandos y la tropa estaban contentos por el arribo de un policía de carrera que sabe y conoce lo que es andar en las calles, tras el crimen y también cuando las multitudes marchan en busca de resolver sus demandas.

Pero, ahora, esos mandos y la tropa están con el ánimo por los suelos al saber que dos de sus compañeros están presos en el Reclusorio Sur acusados de abuso de autoridad por la agresión que sufrió una joven durante una protesta por la muerte del afroamericano George Floyd y de Gioavanni López, muerto en manos de la policía municipal de Ixtlahuacán de Los Membrillos, Jalisco, hechos totalmente ajenos a la capital del país.

El lunes, un grupo de estos policías inconformes no aguantó su coraje y tomó las calles de la ciudad para hacer pública su inconformidad de que sus compañeros estén presos y sin el apoyo de su jefe, García Harfuch, que ahora se lava las manos y los deja en el abandono. El jueves se definirá la situación legal de los dos policías.

Es preciso señalar que no debe existir la violación a los derechos humanos de ningún ciudadano durante las manifestaciones en la Ciudad de México. También es cierto que estos grupos de anarquistas se han dedicado en los últimos tiempos a provocar a las autoridades y hacer de la capital su presa sin que nadie les diga algo y ni siquiera les llamen la atención.

Hay molestia en las filas de la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México por las palabras de Claudia Sheinbaum al señalar que el trabajo de los policías capitalinos no es solamente combatir a la delincuencia, sino buscar que no haya represión en la contención de manifestaciones.

Ante estos hechos, vale la pena preguntarse qué deben hacer los policías capitalinos cuando grupos radicales pasan horas agrediéndolos y arrojándoles piedras y bombas molotov. Vale la pena considerar que los uniformados suelen ser castigados y lesionados en las marchas, en las que se olvida que también son seres humanos, personas con hijos, padres o madres de familia.

Este lunes, un nuevo grupo de anarquistas se apoderó de la Ciudad de México, de sus lugares emblemáticos, de sus monumentos, de sus calles, sin que nadie les dijera nada.

No es lo mismo, doctora Claudia Sheinbaum; secretario de Seguridad Ciudadana, Omar García Harfuch, y fiscal general, Ernestina Godoy, estar sentados en el Centro de Mando del C5 mirando cómo se desarrolla una marcha violenta, que estar en ella presentes, con la adrenalina hirviente de los policías, quienes deben aguantar a los grupos radicales que no solo quieren dañar la ciudad, sino también a ellos. Quién ve y aboga por los derechos humanos de los policías que en la mayoría de las movilizaciones en la Ciudad de México son violentados con total impunidad.

En Cortito: Nos cuentan que el sur de Zacatecas, en particular el municipio de Nochistlán se han convertido en un foco rojo para el gobierno estatal y federal. Durante abril y mayo varias familias salieron de la comunidad de Tlachichila, amenazados por el Cártel Jalisco Nueva Generación. Los testimonios de las víctimas así como los informes de inteligencia muestran una colusión entre la delincuencia y las autoridades municipales que no ocultan los mandos policiacos a los que se les ve pasearse con armas no reglamentarias y amagando a la gente. Hay denuncias de pobladores que primero fueron advertidos por la policía local de que tenían que marcharse, horas después llegaron los narcotraficantes a sacarlos. ¿Hasta cuándo las autoridades federales y estatales pondrán orden en esa zona?

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